La ciudad estaba tan iluminada que podr í a competir con la luz de una supernova. Una iluminaci ó n tan exagerada que, si la ve í an desde la Estaci ó n Espacial, seguro pensaban que Madrid estaba intentando comunicarse con vida extraterrestre. Estas Navidades, como todas las dem á s, nada pod í a estropearlas. O eso cre í an … porque el Grinch estaba de visita este a ñ o , el fondo buitre hab í a decidido comprar el edificio . Ese piso que cruj í a por las noches como si un fantasma con artrosis viviera all í , con esos ventanales que en invierno era mejor no abrir porque luego no sab í as si iban a cerrar o si se quedar í an abiertos para siempre, como la boca de un pez muerto. Y ese ú nico y maldito ba ñ o que cuando ven í an Á lvaro, Lucas y Carlos, aquello se convert í a en un escape room: o resolv í as r á pido tu turno, o te quedabas atrapada en la cola como quien se queda en la M-30 en hora punta. El piso no era gran cosa, pero hab í a ...